Bueno, tras una semana sin aparecer por aqui por diversos motivos de nefasto recuerdo os dejo un pequeño relato (¿?) que escribi hace algún tiempo....ale! que os guste!
SONIDO SECO
Por Pedro Oyarbide
Sacame de aquí, maldita zorra, Sacame de aquí maldita vieja…y así folios y folios llenos de insultos. No se como habían llegado esos textos a mis manos, lo único que sabía es que en la última hoja, bajo la pintoresca y a la par rimbombante rubrica del prosista de estos escritos figuraba un chocante y curioso aforismo que rezaba así:
“Me cago en tu puta vida, vieja asquerosa”
Si algo tengo claro era que el autor de esas insidiosas injurias no sentía ni cariño, ni afecto, ni amor, ni estima, ni apego, ni devoción, ni afición, ni buenas vibraciones para con la asquerosa, maldita y la supuestamente deleznable (este último adjetivo lo he añadido yo, ya que creo que le aporta un determinado ritmo al texto) vieja y/o mujer de avanzada edad.
Se que no he de darle tanta importancia a los papeles que encuentro en los rincones más insólitos de mi apartamento-oficina, pero últimamente no tengo trabajo, así que cuando no estoy leyendo papeles que me encuentro, juego al cinquillo o al solitario para matar los ratos muertos que suelen ser bastantes.
Camino de un lado a otro de mi salón pensando en los textos que encontré, no logro quitarme esas palabras de la cabeza……me cago en tu puta vida vieja asquerosa….
Fascinado y maravillado me hallo al descubrir que entre esos folios hay un post-it con algo escrito: Dale lo que le debes a esa puta octogenaria con artrosis y reuma que embriaga el ambiente del edificio con su fastuosa y característica fragancia de orina.
Sin duda alguna, el que escribió esto debía dinero a alguien, pero… ¿por que diablos no me acuerdo de donde he sacado estos enigmático e incomprensibles textos?
No puedo perder más tiempo con ese tema, tengo que salir al supermercado a por palillos de dientes y leche en polvo.
Abro la puerta de la calle y para mi horror, pavor, susto, miedo y pánico la vieja casera está llamando al ascensor. No me ha visto. Intento deslizarme por el suelo hasta mi puerta cual serpiente venenosa…
-¿Fornicatto? Contigo quería hablar, le recuerdo que me debe el alquiler de tres años.
¡Joder, me ha visto la maldita vieja!...pues claro yo fui quien escribió esos extraños textos llenos de insultos, como he podido ser tan inútil…
-Si señora, tenía pensado pagarla ahora mismo, tengo el dinero en mi piso ahora vuelvo.-conteste hábilmente, como a mi me caracteriza.
-Le esperare ansiosa.-me dijo la asquerosa anciana.
Ya estoy dentro del piso. Tengo dos opciones, o por lo menos son las que se me ocurren:
Puedo suicidarme, nadie me echaría en falta, exceptuando a Humberto, mi caracol de tierra dulce, o…también puedo desempolvar mi escopeta y liarme a tiros con la casera.
En cualquier caso he de abastecerme de algún cuchillo, ya que he oído en la radio que estas viejas suelen ir armadas con sprays de autodefensa , en el caso de que lo utilizara y hubiera fallado todos mis disparos, siempre podría acercarme con cuidado y cortarle una extremidad, a poder ser un brazo (siempre quise tener una tercera mano). Cuando me di cuenta ya estaba en el descansillo, con escopeta en mano y un cuchillo ocultado bajo el calcetín.
-Fornicatto, déme usted el dinero-
-Si pero antes, mire lo que le he comprado por su amabilidad y comprensión en todos estos años.
-No se tenía que haber molestado, Forny.
-¡Cállate vieja!-la contesté como siempre había soñado.
Cargue rápidamente mi escopeta y apreté el gatillo al grito de ¡Akuna-mata-taaaaaaaa!
Un sonido seco, una bala en un cráneo, y un cuerpo tendido en el suelo. No creo que pueda recordar algo más…
Este post fue redactado y publicado por Pedro Oyarbide antiguo cofundador y copropietario de la web